jueves, 19 de febrero de 2015

EL MÓDEM CORTICAL: LA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA QUE CAMBIARÁ LA HUMANIDAD PARA SIEMPRE


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Lo que se expone en este artículo no es Ciencia Ficción.

Está sucediendo ahora mismo y es el inicio de una revolución tecnológica mucho más grande y extensa que la implantación de Internet en todo el planeta.
La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de EEUU (DARPA), agencia que trabaja para el Departamento de Defensa de Estados Unidos, está desarrollando un dispositivo revolucionario que promete cambiar la faz del mundo y la naturaleza de la propia humanidad.
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DARPA está trabajando activamente en el desarrollo de un modem cortical, un dispositivo que se conectará directamente al cerebro y transmitirá imágenes, sin pasar por el sistema óptico; es decir, sin pasar a través de los ojos ni necesitar gafas especiales, ni otros dispositivos similares.
Bajo el pretexto de desarrollar un “módem cortical, para que las personas ciegas puedan volver a ver”, los investigadores de DARPA y los expertos en el campo de la tecnología y el transhumanismo, afirman que este dispositivo puede llegar a sustituir toda la tecnología de realidad virtual y aumentada, algo que puede suceder incluso antes de que estas tecnologías lleguen a ser aplicadas.
Es decir, proyectos como Google Glass o Oculus Rift pueden llegar a ser sustituidas por el programa de DARPA cuyo objetivo final es crear imágenes de alta definición directamente en el cerebro humano, según los investigadores.
Al igual que en la película Matrix, el dispositivo estará propulsado por un implante espinal.
Los planes para el proyecto fueron revelados en una conferencia sobre biotecnología en Silicon Valley.
La jefa de DARPA Dra. Prabhakar Arati (izquierda) entrevistada durante las conferencias de Sillicon Valley
La jefa de DARPA Dra. Prabhakar Arati (izquierda) entrevistada durante las conferencias de Sillicon Valley
Tal y como afirma la revista transhumanista Humanity Plus:
“A corto plazo, el objetivo del proyecto es desarrollar un dispositivo del tamaño de dos monedas de cinco centavos apiladas con un coste del orden de 10 dólares, que mediante una interfaz directamente conectada a la corteza visual, permitiría visualizar imágenes con una calidad inicial parecida a la de un antiguo reloj digital LED.
Las implicaciones de este proyecto son asombrosas. Considere una versión más avanzada del dispositivo capaz de crear pantallas visuales en nuestro cerebro de alta resolución.
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En primer lugar, esta tecnología se podría utilizar para restaurar la función sensorial de las personas ciegas.
En segundo lugar, el dispositivo podría sustituir toda la realidad virtual y todas las pantallas de realidad aumentada, como las que nos ofrecen los dispositivos móviles o los dispositivos tipo Google Glass o Oculus Rift.
Gafas de realidad virtual Oculus Rift
Gafas de realidad virtual Oculus Rift
Sobrepasando por completo el sistema sensorial visual y accediendo directamente al cerebro, un módem cortical puede mostrar imágenes directamente en la corteza visual, permitiendo con ello que esas imágenes se superpongan con nuestra visión del mundo real.
Realidad Aumentada ofrecida por las Google Glass
Realidad Aumentada ofrecida por las Google Glass
Por otra parte, los enfoques propios de la optogenética permiten una lectura y una escritura de información. Así que podemos imaginar, que una vez desarrollado el dispositivo, los objetos virtuales que veremos dentro de nuestro espacio visual, estarán plenamente integrados en nuestra percepción del mundo.
Más allá de esto, un módem cortical de trabajo permitiría el desarrollo de una especie de telepatía y telequinesis electrónica.
A pesar de que el proyecto realmente se está desarrollando y no es una idea de ficción, lo cierto es que el módem cortical aún está en las primeras fases de desarrollo. Aún no dispondremos de una realidad aumentada de alta resolución directamente en el cerebro de forma inmediata.
Y puesto que el enfoque actual del proyecto se basa en la optogenética, requiere de una alteración genética del ADN en las neuronas, un proceso cuyas consecuencias para la salud aún son desconocidas en humanos, ya que esta investigación actualmente se limita a trabajar con modelos animales.
Específicamente se discutió acerca de la formación de imágenes en tiempo real en el cerebro del pez cebra, dotado tan solo de 85.000 neuronas, aunque ya hay lectores de la revista transhumanista Humanity Plus que se han ofrecido voluntariamente a someterse a este procedimiento genético tan peligroso para poder experimentar con el modem cortical”
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El proyecto está siendo supervisado por la oficina del Programa de Biotecnología de DARPA, que fue fundada hace un año con el objetivo de elaborar nuevas tecnologías en el campo que une la biología, con la tecnología.
La oficina se ha centrado en proyectos transhumanistas orientados, a mejorar el trabajo y el rendimiento de los soldados norteamericanos en el campo de batalla, al mismo tiempo que afirman que “desarrollan sistemas biológicos con fines de seguridad nacional, y para el futuro bienestar de la humanidad”.
Durante la conferencia, se presentaron otros proyectos con los que está trabajando DARPA, y que suenan como propios de la Ciencia Ficción: como son ciber-insectos, exoesqueletos y elefantes robot hinchables de tamaño natural y sistemas que permitirán que una persona pilote varios vehículos sólo con el pensamiento.
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Recordemos que el año pasado, aparecieron informes según los cuales DARPA estaba desarrollando chips implantables en el cerebro cuyo objetivo sería implantar o eliminar recuerdos específicos en los sujetos.
Peter Rothman, asistente a esta conferencia de DARPA en Sillicon Valley, refleja sus sentimientos tras asistir a la presentación de todas las vías de investigación de DARPA:
“Junto con el módem cortical, estos dispositivos prometen revolucionar las capacidades humanas para repararnos a nosotros mismos, ampliarnos, comunicarnos y alterar inevitable y definitivamente lo que significa el ser humano.
¿Dónde estará el límite entre yo y el otro si podemos compartir directamente pensamientos, sueños, emociones e ideas? ¿Qué sucederá cuando seamos capaces de experimentar no sólo nuestros propios pensamientos, sino los sentimientos de las otras personas? ¿Que cambios provocará el intercambio de información neuronal en el campo de la educación, el conocimiento y el trabajo? Estas tecnologías plantean muchas preguntas para las que aún no tenemos respuestas.
Esta próxima revolución que está iniciando DARPA, implica que la biología será tecnología y por lo tanto, representa un salto mucho más grande que el ha implicado Internet.
Esto redefine lo que se significa ser humano…”
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Pero a pesar de que Rothman está entusiasmado con las maravillas tecnológicas y los avances supuestamente maravillosos creados por DARPA para “mejorar la humanidad”, no olvidemos cuál es la auténtica realidad sobre DARPA: es un departamento de desarrollo tecnológico militar del Departamento de Defensa de EEUU…
¿Podemos estar tranquilos y pensar que esta gente invierte su dinero pensando exclusivamente en el bienestar de las personas?

Alguna gente necesita despertar ya de sus sueños infantiloides…

 

La conexión entre la mente y el sistema inmune (o la psicología profunda de la enfermedad)

SABEMOS ACTUALMENTE QUE NUESTROS ESTADOS DE ÁNIMO SE REFLEJAN DIRECTAMENTE EN NUESTRA SALUD. LA EUDAIMONIA, O LA FELICIDAD QUE VIENE DEL ALMA, PARECE SER CLAVE PARA REGULAR NUESTRO SISTEMA INMUNE. ENCONTRAR LA EUDAIMONIA, SIN EMBARGO, SIGNIFICA HACERLE CASO A NUESTRO DEMONIO PERSONAL

POR: ALEJANDRO MARTINEZ GALLARDO - 17/02/2015 A LAS 20:02:08

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psychopathologyEn los últimos años se ha gestado discretamente un cambio de paradigma dentro de la ciencia, de la visión cartesiana reduccionista que cortaba de tajo y dejaba prácticamente incomunicados al cuerpo y a la mente, a una visión más inclusiva que considera a la mente-cuerpo como un solo sistema, dando lugar a disciplinas como la psicobiología y la psiconeuroinmunología. Hoy sabemos que nuestro estado de ánimo y los estímulos del medio ambiente tienen efectos a nivel celular y son tanto o más importantes para nuestra salud que nuestros genes. “La vieja forma de pensar era que nuestros cuerpos eran entidades biológicas estables, fundamentalmente separadas del mundo externo”, dice Steven Cole, profesor de medicina en UCLA. “La nueva forma de pensar es que hay mucha más permeabilidad y fluidez… nuestro cuerpo es literalmente producto del ambiente”.
Cole, moviéndose entre la ciencia dura y aspectos más suaves relacionados con el problema mente-cuerpo, intenta determinar la relación entre la “felicidad” y el sistema inmune: cómo reaccionan nuestras células a lo que subjetivamente llamamos felicidad –acaso así haciendo tangible lo que es la felicidad, encontrando una respuesta a esta pregunta milenaria, aunque desde la perspectiva parcial del cuerpo. Su trabajo lo ha llevado a concluir que “no hay duda de que la mente y el sistema inmune están ligados”.
Entrevistado por The Atlantic, Cole explica que experiencias negativas como un diagnóstico de cáncer, la depresión, el estrés, el trauma o el bajo estatus socioeconómico pueden afectar el perfil inmunológico de una persona. Mientras que “las experiencias de felicidad y la percepción de esas experiencias en nuestro cuerpo” también producen cambios en nuestros mecanismos biológicos, en sentido opuesto. Cole cree que estas experiencias positivas son capaces de “remodelar nuestra composición celular”. La antigua división entre el cuerpo y la mente que ha acompañado a la ciencia en sus fundamentos por tantos años no se sostiene: es prácticamente imposible que lo que experimentamos mentalmente (la imaginación, la fantasía, el pensamiento, la preocupación, la relajación, etc.) no se reproduzca también en nuestro cuerpo. Nuestra salud no sólo es el cúmulo de todas las cosas que hemos ingerido, el ejercicio que hemos hecho y nuestros genes, es también el agregado de todos nuestros pensamientos y emociones (nuestro cuerpo no puede dejar de registrar todos nuestros estados mentales y reprogramar su funcionamiento a partir de ellos).
Lo anterior nos obliga a tomar responsabilidad por lo que ocurre en nuestra mente en cada momento, sabiendo que, si bien un pensamiento aislado o una emoción fugaz seguramente no debilitarán significativamente nuestra inmunidad, la reiteración de nuestras formas de pensamiento y reacciones ante el mundo van apilándose y forman los hábitos y patrones que llegan a determinar nuestro estado de salud general.  O, con mayor precisión: “La experiencia que tienes hoy afectará la composición de tu cuerpo por los siguientes 80 días, porque eso es el tiempo que tardan la mayoría de los procesos celulares”, dice Cole. ¿A cuántos ciclos de estrés de 80 días hemos sometido a nuestras células? 
“Una de las funciones principales de la mente es mantener a bajo nivel la presión o, mejor dicho, no permitir que la presión surja desde un inicio”, dijo Manly P. Hall hablando sobre el “simbolismo psíquico” de algunas enfermedades. La mente, que es el regulador metabólico de todos los procesos orgánicos y que tiene la capacidad compensar desequilibrios con su acción intencional. Hay diferentes formas de ver esto, si tenemos una tendencia a estresarnos fácilmente puede generar el efecto contrario al deseado. Este pensamiento de preocupación o de frustración o de odio, puede ser la semilla de una enfermedad. Tal vez puedas percibirlo como una presión extra sobre tu facultad mental. Esto es una forma de verlo. Por otro lado también puede ser un respiro: tu actitud, la forma en la que empleas tu mente y la forma en la que te relacionas con el mundo puede sanarte, puede afectar directamente tus células y mantenerlas, como una brigada de soldados contentos y comprometidos con la estrategia nacional, atacando a tus enemigos verdaderos (y no volteándose en tu contra).
El sistema inmune tiene dos funciones principales: luchar contra agentes infecciosos y causar inflamación. La primera función es la que consideramos generalmente como señal de que nuestro sistema inmune funciona adecuadamente, en equilibrio, dirigiendo sus esfuerzos contra las verdaderas amenazas que enfrenta nuestro cuerpo. La segunda función, la inflamación, es en muchos casos el resultado de una sobreexcitación, ya sea porque introducimos agentes tóxicos a nuestro cuerpo (o que nuestro cuerpo percibe como tóxicos, como es el caso de algunas intolerancias a alimentos que la mayoría de las personas toleran perfectamente bien) o porque el estrés hace que nuestro sistema inmune esté combatiendo permanentemente enemigos invisibles –ya no virus o bacterias, sino quimeras. Además de causar dolor, la inflamación puede también dañar el tejido y con el tiempo producir una cuantiosa serie de enfermedades (la mayoría de las enfermedades neurodegenerativas, por ejemplo, parecen estar ligadas a la inflamación).
Cole realizó un estudio con sus alumnos cuyos resultados nos ayudan a entender mejor cómo nuestra psicología profunda se refleja en nuestro sistema inmune. En el estudio se midió el perfil de expresión genética de un grupo de voluntarios y se relacionó con una evaluación de sus niveles de felicidad. Un mejor perfil de expresión genética significa una mayor respuesta antiviral  y una menor respuesta inflamatoria. La evaluación de la felicidad se dividió en la felicidad “hedonista” y la “felicidad eudaimónica”. “La felicidad hedonista es el estado de ánimo elevado que experimentamos después de un evento de vida externo, como comprar una casa”, la eudaimonia es “nuestro sentido de propósito y dirección en la vida, nuestro involucramiento con algo más grande que nosotros”, explica Cole. El estudio mostró una notable correlación entre la felicidad eudaimónica y un mejor funcionamiento del sistema inmune. 
El estrés crónico que reduce la felicidad eudaimónica, sugiere Cole, puede acortar la longitud de los telómeros, mientras que actividades como la meditación mantienen la longitud de estos extremos de los cromosomas que protegen el ADN e intervienen en el proceso de envejecimiento. En otras palabras, la disciplina mental es capaz de afectar la expresión genética y regular la función de nuestro ADN. Para quienes dudaban de los poderes mentales del ser humano.
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Imagen de Julio Ruelas
La eudaimonia o el buen daimon
Personalmente, lo que me interesa más del trabajo de Cole es el énfasis en la eudaimonia. Su investigación sugiere que la salud humana y la felicidad misma es el resultado de un buen daimon (que es lo que significa la palabra eudaimonia). El daimon es, según se creía en la antigua Grecia, el genio o acompañante del alma (a veces usado como sinónimo mismo del alma o psique). “Ethos anthropos daimon“, escribió Heráclito, una frase que se traduce como “Carácter es destino” (daimon siendo destino en este caso). Quizás nos ayude más leer la frase de Heráclito, llamado a veces el primer psicólogo,  de esta forma: “El carácter del hombre es su daimon” y de aquí intentemos entender lo que es el daimon. 
Marsilio Ficino, el gran traductor de Platón y otros clásicos, eje del renacimiento cultural de la Florencia de los Medici, dijo sobre el daimon: “Quien descubre su propio genio a través de estos medios encontrará su trabajo natural y al mismo tiempo encontrará su estrella y su daimon. Siguiendo este camino obtendrá felicidad y bienestar”. Ficino, quien fuera conocido como “doctor del alma”, amplía aquí el sentido de la frase inscrita en Delfos “Conócete a ti mismo”; conocerse a sí mismo es conocer también a nuestro daimon, nuestro destino, ese espíritu que nos guarda y asedia, como “una estrella flotando sobre la tierra, conectada al alma”, según Plutarco. Patrick Harpur, quien ha relacionado al daimon con las apariciones numinosas de diferentes épocas –desde los ángeles y las hadas a los OVNIs- dice que una forma de imaginarlo es como “una manifestación personal de un dios impersonal” 
Quizá la fuente más reputada de lo que es el daimon es Platón, quien nos introduce al daimon de Sócrates, el cual lo encaminó a aceptar el destino de la cicuta y quien, relatando el mito de Er, señala que cada alma tiene asignada un daimon personal que se encarga de vigilar el cumplimiento de la “porción” entregada por las Moiras al nacer. El daimon es el encargado de administrar y atender ese destino que hilan las Moiras; un destino que no es del todo fatal, ya que fue elegido por nuestra alma. En cierta forma las Moiras (que son la porción misma que se entrega) se transpolan al daimon, que a su vez es el representante de Ananké, la diosa de la necesidad, madre de las Moiras. Por lo que podemos entender que nuestro destino es aquello necesario –lo que no podemos ceder, por eso el celo voraz del daimon.
En su libro The Soul’s Code, James Hillman argumenta que la enfermedad es una de las formas con las que el daimon –el arquetípico trickster– nos obliga a reflexionar y recapacitar para que no nos desviemos del camino de nuestra necesidad interna, del llamado profundo de nuestra vida, acaso procrastinando por campos hedonistas o en la ambición de la materia (lo del ego es el principio del placer, lo del alma es el compromiso teleológico). En otra parte Hillman escribe: “Hasta que el alma no obtiene lo que quiere, nos enferma” (si estas inflamado no vayas al doctor, pregúntale al daimon). Manly P. Hall, el erudito fundador de la Philosophical Research Society, observa que la mayoría de las personas enfermas con las que ha tratado “no tienen una salida creativa”, como si el hecho de no estar creando, de no estar cumpliendo con su propia obra magna, cualquiera que sea (y muchas veces es el servir a alguien más), les restara fuerza vital (fuerza vital que que se alimenta de dar al mundo fuerza vital). “Negar la propia alma es ser separado de la fuente misma de la vida”, escribe Patrick Harpur, en El fuego secreto de los filósofos
Tiene sentido, las personas que manifiestan vivir una vida plena de significado –no de placer e indolencia– son también más sanas, no tienen un sistema inmune que lucha en su contra, activando tormentas inflamatorias con fuego cruzado. El sentido es la salud, el dao. Seguir el camino que marca el daimon, vivir en armonía con el pleito de nuestra alma, parece ser la clave de la salud. Todo lo demás son pequeñeces. Esto también hace eco de lo que descubrió Viktor Frankl en los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial: los hombres con sentido existencial no se desmoronaban ante las abyectas condiciones que enfrentaban. Howard Bloom, en su libro Global Brain, señala que los seres humanos somos “hipótesis que lanza la mente global” y aquellos hombres-hipótesis del devenir planetario que prueban ser valiosos para esta mente global, este superorganismo del cual somos como las células individuales, son recompensados, gratificando su sistema inmune con una cascada de dulces y relajantes drogas orgánicas: hormonas, neurotransmisores como dopamina, GABA, serotonina o el butirato (esa mantequilla de los dioses de la inmunidad); los otros, cuyas vidas no tienen significado para el colectivo, son inundados con cortisol y adrenalina y llevados a los ghettos y gulags de la inmunodeficiencia. 
¿Acaso es que la vida, ese misterioso hálito, es una dádiva, una bendición y una manda que es depositada en nosotros y que podemos perder en cualquier momento; que perdemos cuando nos alejamos de ese misterioso destino que nuestra alma eligió entre las estrellas?
Twitter del autor: @alepholo

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