jueves, 29 de septiembre de 2016

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David Topí : Aprendiendo a leer los números


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Publicado el: Monday 03 October 2016 — 09:04
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Hay momentos de la vida, periodos o etapas, donde estamos tan en sintonía con las realidades más altas de nuestra línea temporal, y en estado prácticamente continuo de pronoia, que todo parece hablarnos, que las “señales” y “avisos” de las que hablábamos en el artículo anterior, generadas en muchos casos por niveles de nosotros mismos por debajo de la mente consciente, parecen estar funcionando a toda potencia, no porque estén siendo generadas con más intensidad de lo normal, sino porque estamos en estados tan receptivos y alineados con frecuencias que nos permiten sentir que todo “nos habla” y que todo “nos guía”, algo que, por otro lado, tendría que ser el estado normal de todos nosotros, pero, y eso ya es otra historia, el que no lo sea no es lo importante del tema ahora.
En este tipo de señales y avisos, los números tienen mucha importancia, ya que están en todas partes, y manifiestan vibraciones y conceptos que, una vez aprendidos a decodificar, pueden actuar como carteles de información constante (sin que uno se vuelva paranoico, simplemente cuando todo va fluyendo y vas “leyendo” de forma natural esos avisos y mensajes que van apareciendo).
Esta facilidad para ir leyendo “la vida” es un resultado y producto significante de la adquisición paulatina (y según el ritmo que a cada uno le marque su camino) de conocimiento esotérico, metafísico, en el que uno progresivamente se va dando cuenta del aspecto unitario de ese conocimiento, de la relación entre todo, y, en consecuencia, de la unidad de las cosas. El reflejo de esta unidad y relación de todo con todo es lo que nos hace darnos cuenta del porqué tanto los símbolos, como los números, como los ciclos de la naturaleza y el cosmos, y el resto de dinámicas de nuestra realidad están todos entrelazados unos con otros.
Los mensajes de los números
Si queremos, por ejemplo, comprender los mensajes de los números que se muestran recurrentemente a nuestro alrededor, la primera cosa a considerar en numerología es la diferencia entre la figura que representa el número y la energía o vibración que imbuye ese mismo número. Es algo así como que la figura representa el cuerpo o vehículo a través del cual unas ciertas características y propiedades son imbuidas en el mismo. Todos sabemos que hay 10 números primarios, del 1 al 10, y cada número representa el vehículo a través del cual se expresan y manifiestan todas las reglas, vibraciones y características de los planos y arquetipos a los que el número en si está conectado y representa en nuestro plano material. Por medio de la reducción, toda cifra puede ser reducida a uno de los 10 números primarios. (211 –> 2+1+1=4).
Así, la primera cosa que uno tiene que aprender en numerología es comprender el valor simbólico de los números del 1 al 9, pues el 10, que tiene un arquetipo propio en el plano físico y en la realidad del hombre, es también reducido al valor de 1, aunque tenga su estudio particular aparte como número compuesto.
Los números tienen un peso muy grande en este aspecto de comprensión de la realidad, y ya hemos dedicado algunos artículos a ellos tocando aquí y allá el simbolismo que poseen o algunas de las asociaciones que representan. Cada número tiene su propio significado a diferentes niveles y es usado para transmitir ciertos conceptos que es necesario saber decodificar para integrarlos correctamente. Como hay miles de tratados y publicaciones sobre numerología, no me voy a centrar en ello, sino en explicar como se hace el análisis de algunos números para luego entender como decodificarlos.
Las raíces simbólicas y en el inconsciente colectivo de los números
Por ejemplo ¿cuál es el significado místico del número 40 si lo viéramos repetidamente en nuestra vida una y otra vez?. Este número 40 es principalmente conocido porque se emplea frecuentemente en relación con el número de días en los que estuvo lloviendo durante el diluvio, o el tiempo que el Moisés bíblico estuvo caminando por el desierto, pero, por otro lado, no es un número que tampoco tenga un simbolismo demasiado difundido ni aparezca en la mayoría de libros como una cifra importante.
En el caso del número 40 se ha de empezar por el análisis del número 4, un número antiguo y simbólico que representa el cuadrado, y también el cubo, que es lo que uno aprende si rebusca en tradiciones y enseñanzas esotéricas. Ha sido siempre empleado para significar algo que estaba completo, lleno, sólido, firme, fijo, permanente y duradero. La escuadra empleada por los carpinteros y las escuadras usadas por los arquitectos y artistas de todos los tiempos están basadas en un antiguo utensilio que se consideraba como el más importante de los instrumentos geométricos y matemáticos empleados por los antiguos constructores y trabajadores científicos, y estaba bien establecido que cualquier cosa que fuera cuadrada (o a escuadra) podía fijarse firmemente y hacerse durable, y representaba la fuerza. El número 4, así, por el número de lados de la escuadra o el cuadrado, tenía el mismo significado y estaba asociado con la misma idea, fijada en nuestro inconsciente colectivo, y el múltiplo de 10 significaba un aumento de la fuerza del 4 hasta su grado máximo. Por lo tanto 40 era la multiplicidad máxima de la fuerza del 4 o de la plenitud del 4, y todo lo que fuera 40 era el grado máximo de la idea de 4. Por lo tanto, el diluvio duró 40 días porque no podía sobrepasarse o aumentarse, pues era completo en grado sumo, no porque tuviera esa duración temporal. Bajo este análisis, la repetición del 40 en algún momento determinado nos tiene que hacer ver que algo está a su máximo apogeo, en su máxima plenitud.
El tres, el 33
Con respecto al número 3, sabemos que este número era  considerado como símbolo de la creación perfecta y de la unidad Divina, durante tanto tiempo y tan remoto en la antigüedad, que el origen de esta idea se ha perdido. Ya hemos hablado en otros artículos que representa la trinidad de todas las cosas, pues todas las energías y dinámicas de la Creación funcionan por triadas, algo que las religiones han dado forma con representaciones tipo Padre-Hijo-Espíritu Santo, Brahma- Visnú-Shiva, Positivo-Negativo-Neutro, etc. Curiosamente existe en la mente del ser humano la tendencia a querer repetir una experiencia o repetir un esfuerzo durante tres veces, antes de desistir, y de ahí los dichos populares tales que “a la tercera va la vencida”, “no hay dos sin tres”, “repite este mantra 3 veces para que tenga efecto”, “hay que dar las gracias tres veces”, etc. Esta tendencia se revela en los escritos más antiguos de la experiencia humana donde aparecen referencias a que a alguien lo llamarán tres veces, le darán tres oportunidades, escuchará una voz por tres veces, o tratará de hacer algo por tres veces. Muchas ocasiones nos vemos frente a la idea de que el número 3 era considerado como una unidad, un todo, y por eso se emplea hoy para representar la creación perfecta.
Por otro lado, si lo que uno percibe es el número 33 constantemente, en estos momentos del cambio evolutivo en el que estamos, esta cifra ha tomado un significado ligeramente distinto a lo que hubiera tenido hasta ahora, pues la línea temporal 33 es la línea temporal “negativa”, la de la “vieja Tierra”, mientras que la línea temporal 42 es la línea temporal del salto evolutivo, del cambio de consciencia. Es complicado explicar como se numeran estas líneas temporales y no tiene mayor importancia, pero así como el 911 tomó un significado de “peligro” o “aviso” tras el 11-S por el impacto que tuvo en el inconsciente colectivo, y muchas personas empezaron a ver 911’s cada vez que se iban a encontrar en una situación complicada, la repetición del “33” ahora por ese mismo motivo puede representar algo que no está alineado con el cambio evolutivo que estamos viviendo. Por otro lado, soy consciente que el número 33 se considera un número maestro por varias razones, es todo cuestión de los varios arquetipos al que ese número se asocia según las energías del inconsciente colectivo, de ahí que según el momento en el que nos encontremos puede tener un significado para nosotros u otro.
El siete
Otro numero muy conocido por su influencia esotérica es el número 7, un símbolo místico basado en la idea del triángulo agregado al cuadrado, o sea la fortaleza y robustez del 4, sosteniendo la elegancia y la perfección del 3. Por varias razones, en la psique de los nuestros antepasados se concibió la idea de que el 7 completaba un ciclo o formaba un número que representaba un estado primario y uno secundario que estaban unidos de algún modo; por esto los días de la semana son siete, y los ciclos de la vida del hombre están divididos en periodos de 7 años cada uno, y centenares de otros fenómenos naturales fueron contados por el elemento del 7. Es un número cósmico, en cierto sentido porque nace de la Ley de las Octavas, que dicta que todo lo que existe para poder manifestarse y transformarse pasa por 7 etapas o pasos, y por ende, la simbología del 7 está íntimamente ligada a la creación y todos los aspectos de los ciclos de la vida.
Comprendiendo el arquetipo para descifrar el mensaje
Someramente, y para no alargarnos, comprender la raíz arquetípica de cada número nos ayuda a dilucidar los mensajes y avisos que generamos, y que se proyectan sobre nuestra realidad particular, siempre teniendo en cuenta que todo es relativo a uno mismo, ya que no hay dos mensajes ni realidades iguales para dos personas en este planeta. También, por eso, de alguna forma, todo tiene múltiples lecturas ya que la realidad consensuada en la que vivimos proyecta, superpuesta a la nuestra, otros tipos de señales y avisos que pueden darnos varios arquetipos para un mismo número.
En todo caso, siempre hemos de saber que nuestra decodificación está limitada y acotada a nuestra experiencia particular, y, por lo tanto, parcialmente válida en cada momento de nuestro camino evolutivo, así que no está de más recordarnos a nosotros mismos, tal y como escribía J.J Benítez en uno de los libros de su saga “Caballo de Troya” que:
Nada quedará oculto. No olvidéis que vuestros conocimientos son finitos y que toda comprensión, por parte de las criaturas mortales, es relativa. Cualquier información, incluso la que procede de fuentes elevadas, sólo es relativamente completa, localmente exacta y personalmente verdadera. Sólo eso. Los hechos físicos pueden ser uniformes, pero la verdad es una realidad viva y flexible en la filosofía del universo. Las personas que evolucionan como vosotros lo estáis haciendo ahora sólo son parcialmente sabias y relativamente verídicas en sus mensajes. Sólo pueden tener certidumbre en los límites de su experiencia personal. Algo que puede parecer cierto en un lugar, puede ser relativamente verdadero en otro segmento de la Creación. La verdad divina, la verdad final, es uniforme y universal. La historia de las criaturas espirituales, tal y como es contada por numerosas individualidades originarias de esferas diversas, puede cambiar a veces en los detalles. Esto obedece a la relatividad en la plenitud de sus conocimientos y de su experiencia personal, así como a la extensión y amplitud de esa experiencia…
un abrazo,
David Topí
p.d El próximo sábado 12 de Noviembre he sido invitado a dar una conferencia en el Congreso SaludableMentes, en Córdoba. Aquí tenéis el cartel y la información del evento que acabo de recibir para los que estéis interesados. La charla versará sobre el tema de los biorritmos, las dinámicas de las energías invisibles y la ley de las Octavas.



















miércoles, 28 de septiembre de 2016

Repasando los componentes de la psique que construyen nuestra realidad

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Repasando los componentes de la psique que construyen nuestra realidad


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Si en el artículo anterior habíamos hablado del origen del contenido que nuestra glándula pineal usa para proyectar la realidad personal en la que existimos, el segundo aspecto de este tema es cómo interpretamos y decodificamos cada uno esa realidad personal, y la realidad común a la que pertenecemos, y en la que nos movemos como parte del colectivo de la especie humana.
En la conferencia sobre la psique del ser humano decíamos que si pudiéramos ver realmente el entorno en el que existimos, nos daría la impresión de estar reviviendo aquella escena de la película Matrix, donde Neo solo hace que ver números y líneas de energía en filas, llenando las paredes, el suelo, el techo, y todo lo que tiene alrededor suyo.
La realidad que hay ahí fuera en todo eso que llamamos la “Creación” es cuántica, es energía pura en movimiento, es la matriz de todas las realidades existentes para cada uno de nosotros, pero nosotros no vemos esa realidad “real”, sino que solo vemos la interpretación y decodificación que hacemos de la misma, una proyección tridimensional del mundo cuántico que se nos aparenta verdadera, sólida y tangible a los sentidos. Nosotros somos proyectores de esa realidad como ya sabéis, y además somos receptores y decodificadores de la misma.
Decodificando la realidad
El ser humano percibe el mundo a través de sus cinco sentidos. Los sentidos transmiten al cerebro una serie de datos en forma de señales eléctricas proveniente de las energías captadas en la realidad exterior (que ha sido co-creada entre todos, por la suma de todas las realidades personales proyectada por cada uno), que entonces la mente interpreta para darle sentido y explicación a lo que se percibe.
Es decir, que la realidad en forma de ondas, vibraciones, patrones numéricos, etc., pasa a ser primero una realidad relativa y luego, al ser interpretada por el contenido que hay en la mente, se transforma además en una realidad subjetiva adecuada al criterio de cada persona, que es quien interpreta a que corresponde cada una de las señales que recibe de sus sentidos.
¿Qué quiere decir esto?, que la realidad es diferente para cada persona, cada color, olor, gusto, sonido, tacto, experiencia, etc. es filtrado por lo que somos capaces de captar energéticamente de ello de la realidad consensuada entre todos, y luego interpretado por nuestra realidad personal, es decir, por lo que creemos que estamos viendo, sintiendo, escuchando, etc. Si, por ejemplo, nosotros mismos hemos proyectado un cierto tipo de contenido que se está manifestando como nuestro mundo exterior, luego reinterpretamos esa misma realidad acorde a lo que llevamos en la psique.
Viendo con la mente
Siendo esto así, y puesto que cada persona percibe un rango de frecuencias ligeramente diferente y decodifica de forma distinta la información que le llega del mundo exterior ¿Cómo sé que eso que veo delante mío es lo mismo que lo que ve la persona que tengo al lado?  ¿Cómo se construye en mi mente mi mundo real, el que veo con mis ojos, el que toco con mis manos?
Bueno, como ya veis, no son nuestros ojos los que deciden que es el mundo que llamamos “real”, sino que este es una construcción completamente subjetiva a cada persona, y por lo tanto, ilusoria, cambiante y maleable.
Nuestros ojos no “ven” por si solos, es la mente la que “ve” con la información que le llega y tras decodificar y decidir qué es exactamente eso que tiene delante. Los ojos son lentes que pasan información desde la retina hasta el cerebro, que es donde se forma la imagen. Son como las ópticas de las cámaras que dejan pasar la luz, y la envían hacia el interior de la cabeza para procesarlos, sin hacer, en ningún momento, juicios o presunciones sobre que representan. El ojo no sabe que está recibiendo la energía lumínica de una silla o de un elefante, y le da igual, su función es simplemente transmitir el haz hacia el interior.
A continuación la mente realiza la decodificación de la información que está recibiendo con datos de los que ya dispone, de nuestra presunción de cómo debe ser el mundo de ahí fuera, de lo que “creemos” ver en realidad y de todo aquello que tiene guardado en los bancos de memoria, generados a través del condicionamiento y la programación con la que nacemos y crecemos.
Componentes de decodificación de la realidad
Los componentes que crean y decodifican nuestra realidad podriamos clasificarlos en tres tipos: el paradigma, los arquetipos y los programas y patrones mentales, y vamos a hablar de ellos un poco ahora.
Estamos programados para decodificar las cosas de una determinada manera, diseñados para un razonamiento lineal, y en compartimentos mentales estancos. Para que esto funcione de esta forma, como en un ordenador, tiene que haber una base operativa, un sustrato donde se puedan insertar y guardar el resto de información, programas y patrones mentales, como si de un sistema tal que Windows, Linux o Mac se tratase.
Por eso, todos, en nuestra mente, tenemos un sistema base programado, y ese sistema no es otro que lo que llamamos el paradigma social, cultural, etc. bajo el que hemos nacido. El paradigma es el sustrato energético base para el resto de la programación que viene insertado por defecto en nuestras esferas mentales desde el momento en el que nacemos. Podeis leer al respecto sobre el papel del paradigma eneste artículo de Detrás de lo Aparente.
Una vez la mente del ser humano recibe la instalación de su paradigma, su sistema operativo, es cuando se pueden empezar a instalar otros programas que funcionan encima de este, y que son los que marcan como se decodifica la realidad que cada uno percibe y que contenido se emite al exterior para la generación de nuestro mundo particular. Estos bloques genéricos se denominan arquetipos, y los hay de diferentes formas: espirituales, religiosos, científicos, morales, etc., ya que solo así, insertando un sistema de creencias determinado basado en ciertos arquetipos globales, se puede manipular por completo la psique conjunta de la raza humana.
Para comprender bien que es un arquetipo sigamos con la analogía del ordenador. Todos gestionamos nuestros datos en sectores del cerebro concretos, como si fueran distintas carpetas del PC. El equivalente a un fichero del ordenador en nuestro cerebro son las neuronas, que es la célula, o componente que archiva y registra ese dato o información antes de pasarlo a la mente.
Diferentes agrupaciones de neuronas crean el equivalente a diferentes carpetas del disco duro, donde cada carpeta puede tener miles de archivos, y además cada carpeta tiene una categoría determinada y almacena solo información de un tipo específico. En el ser humano, a cada una de esas carpetas que se insertan a medida que vamos acumulando programación, le llamamos arquetipos, cada una con sus correspondientes subcarpetas,  y cada uno con centenares de ficheros que representan conceptos concretos programados o adquiridos por nosotros respecto al tema en cuestión.
Por ejemplo, todas las ideas o creencias sobre religión, van a parar a un arquetipo determinado, todas sobre cultura, o ciencia, o moralidad, van a parar a las neuronas del arquetipo asociado. Así se crean y almacenan arquetipos que dictan como vamos a interpretar un concepto o idea que captamos del mundo exterior.
Finalmente, lo siguiente que tenemos en nuestra mente son los diferentes programas y patrones de comportamiento. Cada arquetipo tiene infinidad de sub-programas, patrones e ideas asociadas a ese arquetipo global, de forma que aunque toda una población comparta el mismo paradigma, y millones de personas compartan el mismo arquetipo, cada uno tiene una serie de programas y patrones individuales que hacen que el contenido de su mente no se asemeje en nada al contenido de la mente de la persona de al lado.
De forma que un programa, no es más que una serie de patrones de conducta, ideas de comportamiento, creencias individuales y conjunto de órdenes que, asociadas a diferentes arquetipos, nos terminan de dar la visión de la realidad que cada uno de nosotros tenemos.
Cambio de mente, cambio de realidad
Bueno, finalmente, si entendemos esto, será fácil darnos cuenta de la relación que tiene el contenido de nuestra mente con el cambio de realidad, de matrix, de nivel evolutivo por el que estamos trabajando pues solo cambiando estos programas, arquetipos y paradigmas en el ser humano, tanto a nivel individual como a nivel colectivo, podremos avanzar en la co-creación y manifestación del camino que nos lleva directos a ese próximo salto de consciencia.
Los primeros pasos para el cambio del contenido en nuestra psique es el conocer qué tenemos instalada en ella, y, si es posible, dejar de aceptar nuevos programas provenientes del exterior que refuercen la programación existente. La desprogramación individual de cada uno de nosotros, y el trabajo personal e interior a través de la autobservación, del autoconocimiento y con cualquiera de las herramientas de las que dispongamos nos permitirán hacer estos cambios en la psique y sustituir lo viejo por lo nuevo, lo limitante por lo expansivo, lo actual por lo que ha de venir.
No se puede hacer de otra forma, porque no hay otro método de construcción de la realidad que el que hemos comentado, todo se crea a partir del potencial manifestador de la psique y de la energía del ser humano, y por lo tanto, hemos de crear con consciencia, con amor y con programas y arquetipos que se ajusten a esa nueva realidad y a esa nueva humanidad que queremos manifestar. Solo así, con el tiempo, provocaremos un cambio de realidad que cogerá aún más impulso en el momento en el que se alcance masa crítica gracias a todos aquellos que cambiando su programación y contenido interior, sean capaces de cambiar su realidad exterior y con ello la realidad exterior de todos nosotros.









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